Cómo motivarse

“Todos tus sueños pueden hacerse realidad si tienes el coraje de perseguirlos”. – Walt Disney.

Es indudable. Los sueños son el mejor combustible que existe para impulsarnos y salir a hacerlos realidad.

Como un relámpago en la noche, los sueños se manifiestan en nuestro subconsciente y todos somos capaces de identificarlos en cuestión de un segundo.

Los tenemos a todas horas, algunos los pasamos por alto, otros muchos los olvidamos y habrá otros que nos produzcan miedo. Sin embargo, detrás de cada uno de nuestros sueños se esconde mucho más que un simple pensamiento.

Aquellos sueños que más influyen son los que suponen una representación mental de nuestros propios objetivos vitales.

Los sueños son un reto de nuestra mente a nuestra mente. Un desafío a nosotros mismos para comprobar que somos capaces. Que vamos a desafiar nuestros propios límites y que, pase lo que pase, vamos a ser los ganadores.

Pero, si todo se reduce a intentar lograr una meta final que nos reconforte, ¿qué es lo que nos impide hacerlos todos realidad?

¿Por qué el 90 % de los propósitos más importantes de nuestra vida siguen aplazados todavía?

El éxito de nuestras metas está determinado por la constancia y el esfuerzo que empleamos en ellos.

Estos factores están condicionados principalmente por un denominador común: la motivación.

La motivación es un término que proviene del latín “motivus” que significa causa del movimiento. Es decir, se trata de la fuerza que dirige el comportamiento hacia unas determinadas acciones que tienen una intención final: alcanzar lo que queremos conseguir.

Se trata de un sentimiento presente en cualquier tipo de conducta y, la realidad, es que resulta imprescindible para llevar a cabo cualquiera de nuestras intenciones.

¿Qué tipos de motivación existen y cuál debo entrenar?

Existen dos tipos de motivación. La motivación extrínseca y la motivación intrínseca.

La motivación extrínseca: lo que te mueve por fuera

Hace referencia a los estímulos que proceden del exterior. Las fuentes de recompensa son externas como, por ejemplo, el reconocimiento de los demás, recibir un premio o ganar dinero. Se basa principalmente en la  realización de acciones con la finalidad de obtener una recompensa externa.

Este tipo es el primer incentivo que aprendemos cuando somos pequeños. Por ejemplo, cuando un niño hace los deberes o se porta bien suele ser recompensado con premios como una bolsa de gominolas, un juego, un abrazo de sus padres, etc.

En la actualidad el sistema funciona a base de motivaciones extrínsecas como trabajar mucho para conseguir más dinero, adquirir objetos y bienes de consumo y otra serie de cosas que requieren de trabajo y tiempo. ¿Cuánta gente conocemos que trabaja horas y horas en algo que no le satisface porque quiere comprarse un auto nuevo, una televisión más grande o, quizá, una casa con jardín? En esto consiste la motivación extrínseca, en enfocarse en el resultado material y tangible.

La motivación intrínseca: lo que te mueve por dentro

En este tipo la energía que nos impulsa procede del interior del individuo y está diréctamente relacionada con la autorrealización y el crecimiento personal.

El combustible que la genera proviene del placer y el estado de bienestar que se siente al realizar una determinada actividad. La recompensa es la sensación de gratificación y la realización a nivel personal que permiten llevarla a cabo. Por ejemplo, podemos verla presente en un deportista que se entrena diariamente por el simple placer de disfrutar realizando su deporte favorito o el escritor que comienza una obra y no deja de escribir una historia en la que expresa sus sentimientos a través de su relato.

Este tipo de motivación es la que genera una alta productividad, ya que la persona no se centra en lo que obtiene de fuera, sino que se involucra personalmente desempeñando su trabajo con ilusión y empeño. La motivación intrínseca se va desarrollando a lo largo del tiempo cuando adquirimos cierta madurez mental y conocemos lo que nos gusta y nos permite realizarnos.

La motivación intrínseca es mucho más poderosa que la extrínseca, ya que esta es temporal y su nivel de satisfacción generada es muchísimo más inferior que la motivación intrínseca.

Aumentar nuestra motivación intrínseca es verdaderamente sencillo. Mucho más, si conoces algunos consejos que te ayudarán a obtener ese impulso motivacional que necesitas.

Las 7 claves para conseguir ya la mayor motivación de tu vida

A continuación os presentamos una serie de técnicas para potenciar la motivación y alcanzar el éxito de nuestros objetivos.

1. Visualiza tus metas con nitidez

Cierra los ojos y realiza una respiración profunda, repite el proceso varias veces hasta que entres en un estado profundo de relajación.

Procura estar en un lugar tranquilo donde no haya ruido y estés tú solo. A continuación quiero que te proyectes en tu futuro yo habiendo logrado tu sueño.

Desde fuera observa a tu yo del futuro. ¿Qué ves?, ¿cómo vas vestido?, ¿dónde estás?, ¿con quién estás?, ¿qué haces?, ¿cómo actúas? Analiza cada pequeño detalle y observa cómo te ves y cómo te sientes.

2. Positividad ante todo

Enfoca tu camino en lo que quieres conseguir y pon tu meta como punto de referencia.

No te centres en los obstáculos sino en las soluciones.

Si un camino no te sirve recuerda que hay muchos más. Baraja las múltiples salidas que puedes tomar que te permitirán acercarte poco a poco a tu propósito.

Recuerda que cuando vamos conduciendo por una carretera y hay un atasco existen otros atajos que nos llevan al mismo destino.

3. Valora el camino

Igual de importante es la meta como el proceso que conduce a ella.

Disfruta del recorrido valorando cada paso y cada aprendizaje que obtienes de él. No tengas prisa en llegar a tu destino pues en el trayecto puedes vivir experiencias que ni imaginabas. Bien sabido es que un recorrido de mil millas comienza con un primer paso.

4. Recompénsate de vez en cuando

Cada paso cuenta porque es un logro así que permítete recompensarte por ello. ¿Qué tal si te regalas un masaje? ¿Te acuerdas de ese vestido que te fascinó en el escaparate? ¿Qué tal si sales a cenar a tu restaurante favorito?

Es muy importante que te mimes y cuides de ti mismo, ya que te hará mejorar tu autoestima y tendrás más energía para seguir progresando.

5. Recuerda tus éxitos y regocíjate

Observa cosas que conseguiste en el pasado y pensabas que eran imposibles, pero que realmente finalmente conseguiste completar.

El carnet de conducir, ese examen indescifrable, ese ascenso en el trabajo… Acuérdate que también lo veías muy difícil y, sin embargo, pudiste conseguirlo.

6. Inspírate en todo lo que te rodea

Contempla a las personas y cosas que admiras y aprende de ellos.

¿Por qué son un referente para ti? ¿Qué significado tienen en tu vida?

Ellos en algún momento de su vida también se sintieron como tú y tuvieron el valor de enfrentar sus miedos y lograr sus sueños.

Al igual que ellos, tú también puedes. Confía en ti y en lo que puedes llegar a conseguir.

Lo imprescindible es creer en ti, y una vez que lo hagas comenzarás a crear cosas que jamás pudiste imaginar.

7. Caer está permitido pero levantarse es obligatorio

No te frustres si tienes alguna caída en tu proceso porque forma parte de él.

No permitas que los pensamientos negativos se apoderen de tu mente. Cuando aprendemos a andar previamente hemos necesitado caernos una y mil veces para aprender a mantenernos en pie.

Y es  que “El hombre necesita dificultades porque son necesarias para disfrutar el éxito” – Steve Jobs.

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